El “Regreso de los dioses” segùn Frank Ripel

Un punto de vista completamente diferente de lo de Salvador Freixedo ciertamente es esto de Frank Ripel que puede ser interpretado como “colaboracionista” con respecto a los dioses, màs bien a un determinado hatajo de dioses

La “reconciliación de los opuestos” es un poquito mi pasión, así que también el pensamiento de este mago-esotérico ha tenido un papel importante en mis reflexiones y en mis investigaciones, a pesar del lenguaje críptico, oscuro e impenetrable a quien no sea adentro a la Golden Dawn o como quiera que en un esoterismo avanzado.

 

La obra en tres volúmenes “La magia de la estrella de oro”, no obstante no haya entendido algunas de sus partes y no haya compartido otras, ha sido, energéticamente, así preñado de inspirarme el collage que representa mi nacimiento simbólico en el plan físico, astral y espiritual en la estrella de oro a doce puntas, Sol superior de nuestro Universo, y que se hizo logos de este sito internet. Gracias a Frank Ripel.

 

 

 

En el libro “La magia della stella d’oro” (editado por Hermes) el autor, dice que desde el 1904, somos entrados en el eón* de HORU, que es SETH, que es LUCIFER, EL ANTICRISTO Católico. Además, en el 2000 ha habido la fusión del eón de Horus (Marte) con el de MAAT (Venus) lo que comportó el inicio del cambio generalizado de consciencia en la humanidad.

*ciclo cósmico en el cual se manifiesta una Voluntad creadora.

 

Según Ripel estamos ya viviendo en el Eón Vº Thelemico (por Thelema, Voluntad en griego) de HORUS o de la Magia, como instrumento para afirmar en los seres humanos la divinidad, que se refiere a los Cultos Atómicos Estrellares durante el cual   acontecerá la grande mutación de la consciencia humana.

En este Eón, o sea en este periodo cósmico, que corresponde actualmente al tiempo terrenal de 2000 años aproximadamente, la divinidad no es más afuera del hombre, o sea no es más otro de sí; más bien es en sí: es su Ángel-Demonio de la guarda, su Verdadera Voluntad, el su YO LUMINOSO.

(Atman, Consciencia Pura)

 

En el viejo Eón el logos (Palabra o Verbo) era Jesús; en el actual es Lucifer (Seth es en él, iniciado en el 1904, están resurgiendo los cultos pre-cristianos, o sea la Verdadera Gnosis o Conocimiento de la Luz.

En el Eón anterior de Osiris (Dios Padre, Cristo en la cruz, Hombre que sufre), Seth o Satán era considerado malvado e identificado con el diablo; en cambio, es la verdadera formula de la Iluminación. Llamado MAL para esconder su santidad, es el deseo que empuja el hombre en conocer a sí mismo a través del propio Doble o demonio…

Esta búsqueda interior provoca la muerte del ego, la disolución del Universo objetivo y queda solamente la pura realidad o Gnosis del Otro Mundo, del Mundo de las Orígenes.

 

En el nivel macro-cósmico, en el nuestro Universo, Seth es la serpiente Satán que no es enemigo del hombre; más bien es lo que saca dioses por nuestra raza, conociendo el Bien y el Mal.  Fue él mismo a mandar al hombre: “Conoce a ti mismo” y a enseñarle la Iniciación como transformación gradual del ser que determina un estado de consciencia más elevado que, a el nivel máximo puede convertirlo en mago, o sea a un ser que aspira a la divinidad y a la unión con el Absoluto.

El pasaje de un estado de consciencia al otro implica una transformación exterior, signo visible de la transformación interior.

 

H.P. BLAWATSKY afirmaba: “Lucifer, el Espíritu de la Iluminación intelectual y de la Libertad de pensamiento es, desde el punto de vista metafórico, el faro que dirige y ayuda el Hombre en encontrar su camino a través las rocas y los bancos de arena por la vida porque Él es, según su aspecto más elevado, el LOGOS y, según su aspecto más bajo, EL ADVERSARIO.”

 

En el Eón anterior, el Árbol de la Vida representaba solamente nuestro sistema solar y la iniciación favorecía la expansión de la consciencia-consciente en aquel nivel. Ahora, en cambio acontece a nivel cósmico-universal en cuanto, además que a Plutón y a DAATH, es en relación con una micro-galaxia, por lo tanto bajo la influencia de muy poderosas energías hipercósmicas. Daath es el mundo de la expansión; es la puerta Para el Universo B de anti-materia, paralelo al nuestro. Está eternamente en la oscuridad, mas encierra la creatividad potencial en distintos niveles; las Vibraciones del Ser; el Espíritu que exprime una opinión continua; es la Materia Oscura por los físicos.

 

El nuevo Eón de Horus “fuerza y fuego” lleva consigo el aniquilamiento de la civilización, así como es conocida hasta ahora, caracterizado por el derrumbamiento de la mentalidad humanitarista. Solamente por el derrumbamiento de esta civilización, podrá instaurarse el Nuevo Reino.

Una mutación subversora a nivel cósmico provocará el cambio del actual orden humano en cuanto instaurará en la Humanidad la Plena Consciencia Solar, conectando la misma con su Verdadero Centro.

Ahora el ser humano emplea la palabra y los gestos para comunicar, pero en la Plena Consciencia Solar no tendrá más necesidad; serán reemplazados por el Silencio, ya que serán desarrolladas al máximo en el aquellas Fuerzas Ocultas que lo harán parecido a los dioses.

 

La Ciencia Mágica, o sea el Conocimiento Originario, nos ha sido dejada en herencia por nuestros predecesores, o sea por una raza súper-evolucionada, procedente por otra galaxia. Fue transmitida a los Antiguos Egipcios que la guardaron y la perpetuaron como Culto Estrellar Lunar en el 2º Eón. Pero, ya con el 3º, decido de ISIS, Diosa Madre, Cultos Lunares-Solares, se había iniciado la deformación de la Ciencia Originaria. Que ha alcanzado el ápice en el Eón 4º de Osiris, Dios Padre, Cultos Solares, terminado en el 1903.

 

Desde los tiempos antiguos, el Fuego del Proceso Creativo era identificado en la Bestia, simbolizada por el BUEY-TORO, su número era el 666, número celante SETH. Este número, en la simbología védica, designa el Alfa y el Omega; es AÑI, el fuego vital y primordial de la Creación.

 

Cada nuevo Eón comporta otro sistema de clasificación del Universo y un reposicionamiento de los símbolos; así como la precesión de los equinoccios, que traslada la sede del sol de un signo al otro del zodíaco en sentido contrario a las agujas del reloj cada 2160 años, predice la muerte de la antigua religión y el nacimiento de nuevos símbolos religiosos, mejor adecuados a la edad del cielo dominante. Se ha desde poco ingresados en el signo del Acuario, lo que ha decretado la muerte del signo de los Peces y de su religión.

 

En el nivel macro-cósmico nuestro planeta será acribillado por el fuego de su serpiente Kundalini que se despertará en el arco de un día. Cuando alcanzará la Ajna Chakra (simbólicamente representado por el centro cultural de Shamballah) acontecerá la desmaterialización (desintegración) para ser proyectado y luego re-materializado (reintegración) cerca la Estrella BELATRIX en la Constelación de Orión, situada frente a las IADI de la Constelación del Toro.

Al tiempo de los viejos Ctonii (primeros pobladores subterráneos en épocas primordiales) fue la estrella BETELGEUSE de la Constelación de Orión, mano derecha del Gigante SUT-HAR (Osiris) en ser el sol de la Tierra; mas el nuevo sol será BELLATRIX, la mano izquierda.

El misterio de esta Fuerza Primordial ha sido el mayor secreto de los Antiguos, de los nuestros Grandes Antepasados. Los Templarios refiguraron esta Energía, de grandísima potencia, esta desmesurada Fuerza Cósmica en la figura del diablo BAPHOMET, que es referible propiamente al dios MITHRA que mató el toro, de la cual herida sangrante se asomó una espiga de trigo.

En sentido exotérico simboliza la vida y la civilización sobre la Tierra; mas, en sentido esotérico la superación, por parte del adepto de los Misterios, de su naturaleza inferior instintiva y pasional y su transfiguración en Pura Energía Solar que lo hace más fuerte que la naturaleza, más fuerte que los dioses, más allá del estado de nacimiento y de muerte.

 

BAPHOMET se correspondía al ABRAXAS, símbolo de los Gnósticos, si no propiamente de la Gnosis, que refiguraba un personaje el cuyo cuerpo era cubierto por una armadura y el busto terminaba con una corta vestidura de la cual se asomaban, en cambio de dos piernas, dos serpientes ambos con dos cabezas. No era el símbolo de un dios antropomórfico, más bien lo de una súper-energía.

 

Al final del viejo Eón y al inicio del nuevo, ay siempre una tribulación que puede durar también centenas de años, particularmente en este de Horus “Martes”, un dios de guerra y de venganza, los cuyos atributos son VOLUNTAD, FUERZA y FUEGO. Lo que acontece porque el viejo Eón del dios moribundo busca desesperadamente perdurar en el tiempo.

 

La actual Ola-vida de la Tierra comprende 7 eónes, de 0 a 6, pero los eónes 0,1,2 son pre-evales porque cubren periodos de tiempo larguísimos, de muchos miles de años por toda la fase pre-humana de la creación, durante la cual dominaron los dioses primigenios o Poderes primordiales, partidos en dos corrientes: los viejos Ctonii y los Señores del Abismo o Profundos (Dioses del Agua).

Desde el 3º eón Pagano- Materno de Isis (Diosa Madre, Cultos pre-cristianos), dominaron los dioses planetarios de nuestro sistema solar y correspondiente a la fase pre-histórica y histórica de la Tierra.

IVº fue el eón cristiano-paterno de Osiris (Dios Padre, Cultos cristianos solares), que se refería al planeta Júpiter.

El Vº, desde el 1904hasta el 1999 de Horus Telemico o de la Voluntad representa el Dios Hijo y los Cultos Atómicos de tipo estrellar y el su planeta es Marte; su fórmula es Análisis o Desintegración.

El VIº se refiere a MAAT, Verdad u Justicia y representa a Venus; su fórmula es Síntesis o Reintegración.

En el 2000 estos dos eónes se han fundido, potenciando sus energías -Voluntad, Verdad y Justicia- por llevar a cumplimento la revolución cósmica de la cual son mensajeros.

 

MAAT, en la su acepción más alta, es la Armonía Cósmica.

 

“…La Tierra brillará de nueva luz…”

..El enderezamiento del eje de la esfera terrestre provocará la caída de las estaciones; los hielos cubrirán la Tierra casi enteramente con el consecuente advenimiento de los Dioses del Agua, que regresarán a dominarla, en cuanto el ciclo cósmico se habrá completado y las estrellas habrán retomado su posición primitiva.

 

En la genealogía trazada por Ripel, Mithra aparece entre los Señores del Agua, los Profundos, como el que sienta a la derecha del trono divino, siendo el consejero de aquellos que son en relación al periodo de Lémuria.

Estas Antiguas Energías esperan que el Hijo, o sea el Hombre, les despierte. Su estirpe no es extinguida, mas existen silentes, sea entre los mortales que entre los maestros invisibles. Con el sueño regeneran sus fuerzas y reconstituyen a sí mismos por el su regreso. En aquel tiempo, fueron arrollados por el grande cataclismo que estremeció la entera galaxia y han sido relegados en la intersección, más allá del espacio y del tiempo, de la vida y de la muerte. Ellos revivirán y retomarán posesión de lo que un tiempo ha sido suyo, o sea reinarán sobre la Tierra. Verán la ruina en la cual sus gentes son caídas y llorarán, mas su llanto purificará la Tierra y barrerá el profano.

 

Este cataclismo cósmico anunciado podría referirse a la aparición o nacimiento de uno otro planeta -identificable en la figura de la Bestia Salvaje o Gran Dragón de la Apocalipsis- que saldrá por el mar (el grande mar cósmico primordial) cuyo reino es actualmente invisible.

Este nuevo planeta, que tendría que catapultar la Tierra en el sistema de la estrella Bellatrix, nuestro sol futuro, en la constelación de Orión, podría ser la causa, en alguna manera oscurecida, del afamado “regreso a la casa del padre”, del cual las religiones y las doctrinas esotéricas, por siempre, cada una da su propia versión.

Si al tiempo de los Antiguos, o sea los viejos Ctonii, nuestro sol era BETELGEUSE, la “caída” podría también significar la pasada expulsión de la Tierra de aquel sistema solar para el cataclismo cósmico y su reposicionamiento en un espacio de la isla-universo o de la galaxia en la cual la solidificación de la materia es a su máximo grado y las energías son muy pesadas.

 

Con el despertar de su Kundalini, la poderosa energía cósmica del fuego creativo, nuestra Tierra volverá a conectarse con su Verdadero Centro y el ser humano también tendrá que volver a conectarse con su verdadero SÍ, su Verdadera Voluntad, su Ángel- Demonio, su gemelo, a el Hombre Celeste en él, o sea a aquel su Doble Espiritual que es el arquetipo y que quizás puebla una dimensión absolutamente rarefacta de Espíritus sin nacimiento. Solamente por medio de esta unión, podría ser posible la vida humana “eterna” sobre un plan vibracional de energías, ahora, por nosotros, completamente desconocidas.

 

Según Ripel, los dioses que están regresando son los Ajenos, dioses originales, que él llama los “Antiguos” y los “Profundos” ligados a el AGUA y que serían los Kruiquianos, que está reactivando, con la ayuda de pocos hombres iniciados, entre los cuales el mismo Ripel, -sintonizados con las vibraciones de ellos- varios puntos de fuerza sobre el planeta para permitir su acercamiento.

Todas las señales y los símbolos, que en estos últimos años se hacen más intensos, serían los de ellos.

 

Parece que la historia de nuestra Tierra y de estos Ajenos, procedentes por el planeta Kruich de la estrella Betelgeuse de la constelación de Orión, hubo inicio hace tres mil millones de años, un grupo de Kruiquianos vino a nuestro globo y, gracias a sus conocimientos científicos, llevaron la vida sobre la Tierra. Dieron inicio al Proyecto-Hombre lo que implicaba el proceder biológicamente por la creación de un ser que, a través de un proceso evolutivo continuo y progresivo, habría alcanzado la concepción de HOMBRE-DIOS.

 

El particular platillo volante del cual se servían era en grado de realizar múltiples funciones. Fue conocido, por la raza terrestre, como el Arca de la Alianza Celeste; prácticamente es una especie de computadora inteligente capaz de auto-planearse y de programar los acontecimientos terrestres epocales.

Hace 600.000 años, cuando los Kruiquianos decidieron regresar a su planeta, situaron esto aparato en el centro occipital de la Tierra que está en el Khorassan (Afganistan), bajo la ciudad de Herat y, según Ripel, esta energía ha sido reactivada en el diciembre del 1990.

 

Después su salida hubieron, una Edad de el Oro, una Edad de la Plata y una Edad Oscura. La era tecnológica, la que en la cual aún vivimos, es la edad intermedia  que se coloca entre la Oscura y el regreso de la de el Oro, aún más resplandeciente de la anterior, en la cual habrá inicio el Proyecto- DIOS que consentirá a el hombre conquistar la más alta cumbre evolutiva: la Inmortalidad.

 

El regreso a las orígenes, a la nueva Edad de el Oro, pero, según Ripel pasará a través el “camino” por excelencia el cataclismo cósmico por obra de la cometa POGHONIAS, descubierta por los astrónomos en el julio 1995, en correspondencia al Sol Superior, o sea al Sol de nuestra Galaxia, conocida como el Caballero del Espacio que anuncia el final de los viejos tiempos y el inicio de los nuevos.

 

Hacia el final de 1996, los astrónomos han relevado un cuerpo, definido el Compañero, que seguía el Caballero del Espacio. Este Compañero es un campo de fuerza que ya ha entrado en colisión con la aura de la Tierra, a fin de la transmutación de la misma.

Según Ripel, el Caballero de Espacio es la misma cometa que determinó el final de la Edad del Oro y, con la misma, el final de la civilización de Atlántida.

“…Sicut transit gloria mundi…” son las suyas palabras; según este mago esoterista todo es posible, considerado el cataclismo cósmico que ha dado origen al enigma del planeta Martes y el recientísimo, potente impacto sobre la superficie de Júpiter, científicamente documentado, de otro cuerpo celeste, asteroide o cometa que fuese.

 

Según la Tradición el regreso del original Culto estrellar, o sea de la Verdadera Gnosis o Conocimiento de la Luz, simbolizado por el numero 11 por el Árbol cabalístico de la vida, da a cada individualidad la posibilidad única e irrepetible de realizar a sí misma.

El 11, macro-cósmicamente, es referido a las Estrellas fijas en las cuales es contenida nuestra Galaxia, o Vía Láctea e implica una protección, más allá la galaxia misma, en la Isla-universo, contenedora de otras veintes.

Desde el punto de vista místico esotérico, es el número de la FUERZA, o sea de la Consciencia divino-cósmica, o divino-solar y de la fórmula de la Grande Obra, la cuya verdadera, única finalidad, consiste en el levantar a el hombre, en equilibrio perfecto, a la potencia del infinito.

 

El 12 KETER, la Corona, es el número del Logos, al cual es atribuida la Voluntad y le corresponde el ATU -el Colgado de los Tarot- y representa la realización de la Grande Obra cumplida por el hombre en sí mismo.

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