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EL DON INESPERADO

RESANAR EL CUERPO Y SANAR EL ALMA

 

A principio de noviembre del 2005, para olvidarme por lo menos en parte, después de meses y meses de tribulaciones y lutos familiares, había participado en un seminario de técnicas energéticas de auto-curación, uno de los muchos de la corriente New Age.

 

La master, Lorena; había tenido una intuición de todo particular que me concernía.

Tienes el “toque de Mida” me dije, o sea el toque de la transformación entendido como alquimia energética. Me había golpeado porque seis años antes, esto particular ya lo había anunciado otra persona, en circunstancias y en un ambiente del todo diferente, como la capacidad o la posibilidad de convertir el plomo en oro, la pobreza en riqueza, entendido precisamente como dinero, preciosos, posesiones.

Entonces a mí me pareció una predicción “de tocado de cabeza” como se dice y me hubiera limitada a una benévola compasión para aquella persona. Yo había estado pobrísima en al mi primera infancia y en la adolescencia, sin embargo jamás he querido al dinero, ni tampoco el lujo. También si en el curso de la vida mi condiciones económicas se han sensiblemente mejorado, la mentalidad de pobre un poco me ha quedado; vivo modestamente, tengo lo necesario para una “vida decorosa”, me basta y estoy  agradecida al Universo para aquello que tengo.

 

A la distancia de seis años el “toque de Mida”se había propuso nuevamente en circunstancias y personas completamente distintas, por lo tanto con una interpretación más inmaterial. Esta vez, para mí, hubiera sido aceptable, más bien gratificante porque en sintonía profunda con cuanto estaba en mi corazón y en mi mente, fruto de años y años de paciente, humilde trabajo sobre mí misma, trabajo que parece no tener jamás fin.

Lorena había tenido una visión de mí girando entre una muchedumbre de un mercado, tocando las personas con el fin de infundir en ellas una energía sanadora, ¡por lo tanto todos los compañeros de seminario, entre bromas y veras, habían querido ser tocados por mí! Me había divertido mucho, había sido contenta de eso reconocimiento y, seguramente, pasado el entusiasmo de los primeros días, habría dejado caer el argumento, alejado, olvidado como seis años antes.

Esta vez pero, el Destino, el Cósmico, el Espíritu, sea lo que sea, había decidido de otra manera; no me había dado tregua, disponiendo para mí otro encuentro sincrónico. Por muchos meses, en un restaurantito de nuestro barrio en el cual mi marido y yo, de vez en cuando, consumábamos nuestra comida, cruzábamos con una señora imponente, siempre a solas, que los camareros llamaban “profesora”. Jamás nos habíamos dirigido la palabra, salvo unos buenos días y buen provecho.

Pues bien, un día esa señora, inesperadamente, empezó hablarme de un trastorno físico que en aquel momento me recaba sufrimiento; y no solo, mas profundizó de manera detallada todas mis enfermedades en ser, las pasadas y las causas energéticas de mis males. ¡Yo estaba más que sorprendida, trastornada precisamente porque la señora, la que llamaré Rosaria, leía en mí como en un libro abierto y yo era bien consciente de lo que estaba escrito!

“Ella tiene dotes, capacidad de sanar a sí misma y los demás y es tiempo que las ponga a provecho” me dijo, explicando que ella misma era una páranosla y sanadora psíquica, que además de tener una consulta en una calle central de la ciudad, era también docente en una esquela de pranoterapeutas médium que me aconsejaba frecuentar para tomar confianza con estas disciplinas.

Yo estaba aturdida, interesada, gratificada, pero en verdad un poco desconfiada. Opino ahora que, inconscientemente, querría también defender de una aventura imprevista y desconocida en la cual me tiraban adentro por el pelo una serie de circunstancias apremiantes; así que, entre las muchas consideraciones sobre el pro y el contra, había aún aquella que la señora Rosaria probase clientes para aquella esquela que otorgaba la suya arte a pagarlo caro.

 

Y en cambio no, no había terminado. Una amiga me ofreció para Navidad su pequeño don, un detallito de felicitación, junto al responso de un papel divinatorio extracto por la baraja pensando precisamente en mí:

“Un ángel de luz te enseña los objetivos que alcanzar. Seas coherente y sigas las urgencias de realización de tu Alma a fin de que en tu vida se refleja el proyecto divino”.

Mis resistencias se habían quebradas y, en enero 2006, empecé frecuentar el curso, comprometiéndome en recuperar todas las lecciones del trimestre anterior.

 

Independientemente por el programa, centrado en la mayor parte sobre nociones del cuerpo humano, órganos y aparados y sobre prácticas de tratamiento pranoterapeutico con las manos sobre las líneas energéticas de los meridianos de la medicina tradicional china, mi interese se había de pronto enfocado, por las primeras lecciones en mis compañeros de curso, unos treinta entre varones y hembras.

Había tenido ocasión de averiguar como el “despertar” en acto en la humanidad, del cual se habla por decenas en el ambiente variado de la New Age fuese muy más extendido de cuanto se pudiera imaginar porque las personas con las cuales había tomado contacto, no teniendo en la generalidad ningún conocimiento o experiencia específica, se habían sentido empujadas, atraídas hacia la sanación y el auto-sanación. Todas tenían profesiones que nada tenían que hacer con la medicina y la sanación; había allí llegado a continuación de historias personales o familiares de enfermedades 

gravisimas que los habían puesto en contacto con curanderos sensitivos, despertando en ellas poderes latentes o aspiraciones ideales para sanar los demás con la dedición de sus propias energías. Nadie de ellas, como yo por otra parte, tenía la más mínima idea de lo que habría hecho a continuación, pero al final todos habíamos llegado hasta allí...

A continuación había tenido también de las intuiciones sobre el significado del “regreso de los doses” o de la “vida de dioses y hombres juntos”. La membrana energética que separa las dimensiones vibracionales está afinándose rápidamente por obra de los trastornos cósmicos de un Universo en perenne movimiento y eso está provocando una mayor oportunidad de contacto entre el plan encarnado y el extra-físico comunicante, el astral por ejemplo. Eso podría causar el fin o la transformación de la ola-vida en la cual somos sumergidos y cambiar radicalmente esta escena del mundo dual, de contraposición espíritu-materia, cuerpo físico y cuerpo energético para reducirla a la restauración de la Unidad, a la sanación espiritual, anulando cada forma de Poder jerárquico-piramidal terrestre.

 

La membrana está constituida por energía pesada, densa, aquella provocada por el miedo y por el sufrimiento, es una lucha cósmica, ya pasada en la historia infinita de la Tierra y de la Humanidad. El poder sobre el planeta de cualquiera naturaleza, visible y invisible, que el también iría al encuentro de su disolución, para mantener el más largo posible su propia existencia y su propio dominio sobre la Humanidad, está dispuesto inmolar a los seres vivientes en un holocausto votivo para obtener de ellos aquella energía pesada, mortífera que es necesaria para el mantenimiento del statu quo. Y así se entiende el porqué de las guerras, los masacres, los exterminios, los hambreamientos, las aniquilaciones, patologías psíquicas y morales y pérdida de todos valores de la vida humana.

 

Estas reflexiones han nacido en mí por la constatación que ya es facilísimo encontrar a personas que, aunque no tomando drogas de todos tipos, tienen estados de consciencia alterados, canalizan, practican la escritura automática, tienen visiones, nada menos proyecciones afuera del cuerpo físico. Muchas no se explican las causas, al contrario, están mucho preocupado por su estado mental, temen ser psiquiatrizadas 

y viven en secreto y soledad las propias experiencias; pero, apenas tienen ocasión , apenas “sienten” un soplo de posible resonancia, se abren, hablan, cuentan también para ser tranquilizadas.

Quizás este es el sentido del afamado 2012 y ya somos entrados en su órbita de influencia...

 

Al final de junio el curso se había concluido con un examen finalizado a la obtención del diploma de biopranoterapeuta, mas yo la “investidura”, se así se puede llamar, la había ya habida por el Invisible, aquello mismo que me había empujada hacia aquella experiencia, habiéndome hecho encontrar para caso, pero el caso no existe, un libro sobre los Terapeutas de Alejandría. Había dado grande importancia a esto hallazgo porque los libros, con suyos contenidos a veces literales, a veces simbólicos, son los vehículos principales a través de los cuales se manifiesta para mí la comunicación de los mundos sobre-sensibles; por lo menos esta es mi creencia.

 

Filón de Alejandría, el autor, Hebreo de cultura helenista, fue contemporáneo de Jesús Cristo y escribió este tratado sobre los Terapeutas, hombres y mujeres puros y sabios de tradición hebraica, pero de cultura sincretista, después haber vivido con ellos tres meses para profundizar su conocimiento. En aquellos tiempos, estaban esparcidos en pequeños grupos por el Egipto hasta la Grecia y lo con el cual vino en contacto Filón vivía a las orillas del lago Mareotis en las cercanías de Alejandría. Según este histórico, la medicina de la cual hacían profesión era superior a todas las demás porque sanaba no solamente el cuerpo, sino también la psique, el Alma en la acepción más amplia.

 

Me había muy emocionada a la lectura de este libro porque me había sentido perfectamente en sintonía. De hecho hasta los primeros tratamientos dirigidos a unas amigas voluntariosas que se prestaban a las experimentaciones, apenas apoyaba las manos sobre su cuerpo, me sentía canal de una Energía muy superior a la mía humana y los efectos eran si la atenuación o la desaparición de un síntoma, y se desarrollaba en la persona una mayor vitalidad, se sentía de inmediato aligerada de un grande peso, recuperaba confianza, sentía su corazón abrirse al cambio. Las personas que yo trataba, pocas y todas voluntarias y, alguna también con problemas existenciales difíciles, me decían cosas bellísimas: “Jamás me había encontrado así bien”, “estoy renacida”, “me ha desaparecido la molestia”, “me has vuelto a dar la vida”...

 

Me sentía mucho alentada, pero por la verdad me costaba creer cosas símiles; me parecía todo demasiado exagerado y no tenía una grande fe en mi potencia, no obstante eso, parecía funcionase verdaderamente. Nunca he hecho una profesión, mi “talento” se ha quedado, para elección, circunscrito al ambiente familiar y a los amigos, todavía he madurado que hay dos niveles de sanación.

El primero atañe el solo cuerpo físico y es lo perseguido por la practica médico-quirúrgica, farmacológica y biotecnológica, a la cual dirigir en cada caso la apreciación agradecida; el segundo se dirige a el Alma y sondea, para así decir, entre los fondos profundos sufrimientos y discordancias desconocidas que desconectan las distintas partes multidimensionales del ser humano y que se manifiestan de forma somatizada como enfermedad física, orgánica, no solo psíquica.

 

La psiquosomatica se aproxima mucho a este modelo interpretativo, sin embargo la sanación espiritual o del Alma es también otro. Acontece no más sobre el plan físico, sino sobre el plan extra físico por el cual el Inmanifiesto, o el Ser según los Terapeutas, pueden intervenir directamente en el astral del enfermo, restableciendo la sintonía entre sus niveles energéticos y, en consecuencia, favoreciendo la recuperación de la salud física.

El terapeuta del Alma tiene que ser un “puro” en cuanto la sanación del otro está connaturalizada a su misma sanación, en el sentido que el Ser, o el “Cristo en él”, según Rudolf Steiner, haya ya conducido su alma afuera de la dualidad.

La suya es una sanación que sana el mundo, en la medida en que el Alma individual es la infinitesimal parte de la Alma Mundi.

¡Este es el sentido de la enseñanza del Cristo: “Ama al prójimo como a ti mismo” y “Médico cura a ti mismo”!

 

Me volvió a la mente un viaje que hizo en el 1997 a Egipto con una Orden Iniciática durante el cual había sido una excursión al lago Moeris, quizás es lo mismo Mareotis,  precisamente para recordar y honrar las Energías de aquellos místicos Terapeutas que allí habían vivido en el pasado.

Quién sabe, tal vez este acontecimiento ha sido el primer anillo de una cadena que mano a mano se ha compuesto en el tiempo hasta hacer volver aflorar conscientemente una mi vida anterior, así como había pasado hace años con una experiencia extraordinaria, por lo todo inesperada, la que había hecho sí que volviese a conectarme con los Cátaros que vivieron y actuaron en la Francia meridional y en el Lombardo-Véneto entre el 1000 y el 1300.

El redescubrimiento de eso pueblo mártir ha representado para mí, más allá que un compromiso intelectual, un verdadero amor. Puedo decir que los Terapeutas y los Perfectos Cátaros eran contemporáneamente habitantes de esto mundo físico y del Otro Mundo, o sea el extra físico, el inmanifiesto de una otra dimensión por la cual podían operar para la salud o la salvación de los que recurrían a sus cuidados.

Ni hay sanación psíquica o del Alma que no sea al mismo tiempo salvación, reintegración a el Uno. En el Evangelio Jesús dice indiferentemente: “Tu fe te ha salvado” o “Tu fe te ha sanado”.

 

La mía no ha sido solamente una adquisición teórica, para cuanto iluminativa, sino el afloramiento de aquel talento innato, desconocido hasta aquel tiempo en mi vida, ha sido verdaderamente un don divino que me ha permitido cuidar a mi marido a el cual, hace tres años, diagnosticaron una enfermedad gravísima. Con mis tratamientos energéticos he sido para el de grande ayuda en el superar los momentos más críticos, con grande sorpresa de los médicos de cabecera mismos para el resultado imprevisiblemente rápido de la recuperación de la salud.

 

Estoy muy agradecida a mi Alma para haberme conducida por la mano en reconocer y recibir este don que me permite ser cooperadora, colaboradora de la Energía de la Vida.