La Alemania que yo conocí

Alemania del Este… recordarla hoy es verdaderamente dar un salto en el pasado que, si también reciente, de la historia europea, parece desaparecido por la memoria histórica colectiva y personal. Ahora la Alemania reunificada por la caída del Muro de Berlín del 1989, se ha convertido en la potencia europea por antonomasia. Con la institución del euro como moneda única, bajo la guía de su carismática e imperiosa canciller Ángela Merkel, desde aquel día hasta hoy, ha brillantemente y provechosamente administrado a lo mejor los suyos propios intereses en detrimento de los demás, los europeos, en particular de los Países del Sur Europa y de las zonas más productivas de Italia, o sea la Lombardía y el Véneto. Ahora ella también, después de unas décadas de vacas gordas, habiendo contribuido ampliamente a el agotamiento de los terrenos de pasto , o sea al empobrecimiento de los pueblos del mediodía europeo, está consumando todas las provisiones de heno  y sus vacas, a la fuerza, ya están adelgazando hasta reducirse dentro de un rato en piel y huesos. De la debacle de la civilización  de la Europa, financiera, política y social quizás por eventos bélicos, no habrá salvamento por nadie, tampoco los Alemanes que, primeros de la clase, demostraron hasta hoy de ser los “furbetti del quartierino” (listos del barrio) enterados solo a su interés inmediato, sin una visión estratégica y una verdadera capacidad de una leadeship en la Unión Europea, a lo más la de haber la investidura de primero vasallo en Europa por parte del imperio americano y por quien, ocultamente maniobra el mismo con la finalidad de la instauración  del siempre más mal afamado Nuevo Orden Mundial. Amen.

 

En la Alemania del Este DDR, o sea Deutsche Demokratische Republik, con capital Berlín partida de la parte occidental por el afamado muro, me fui en el 1974, como de costumbre con el ETLI, al Mar del Norte, no me acuerdo la localidad, en las estructuras hosteleras  estatales nombradas “casas de los sindicados”, en las cuales los trabajadores y sus familias, con turnos organizados por las varias fábricas y actividades de trabajo en general, tenían el derecho de transcurrir dos semanas de vacaciones al año, con precios simbólicos, o nada menos gratuitamente.

 

Habíamos salido de Milán, a los primeros de agosto, no me acuerdo si en tren o en pulman, unas treinta personas, casi todas parejas, y de ellas no me acuerdo nada, y tampoco de la tapa intermedia,  una “parada atropellada”. Retomando el camino, ay de mí, quizás de resultas de un golpe de aire, me se había estallado un fuerte, cuanto insólito dolor de garganta, por lo tanto yo había preguntado a la guía alemana, verdadera valquiria en el aspecto físico y en la majestuosidad, de acompañarme a la farmacia para tomar unos fármacos específicos.

“…absolutamente no… no es consentido el actuar por ti mismo en los tratamientos… el medico solamente puede hacer diagnosis y prescribir fármacos… aquí la asistencia sanitaria es obligatoria y gratuita para los turistas extranjeros también…” Y me había llevada en un ambulatorio en el cual bien dos médicos me habían practicado una visita completa, desde la cabeza a los pies, justo para rendir la idea, ¡que a mí, por la verdad, me pareció una exageración para un poquito de dolor de garganta!

 

La prescripción farmacológica consistió en dos cajas, una de antibióticos y no sé de qué la otra; prognosis de tres días que, en la mía experiencia de vita italiana solamente, había creído cuidar personalmente, según me fuese encontrada. Y en vez no; apenas llegadas a la casa del sindicado reservada a nuestro grupo, inmediatamente fue secuestrada y confinada en la enfermería por una virago teutónica que será mi incubo   por tres días: cada dos horas llegaba por tomarme la temperatura, por hacerme engullir una píldora o llevarme algo que beber o comer y ay de mí si no encontraba el plato limpio y el vaso vacío, tanto que, después las primeras dos veces, me había hecho lista para evitar sus broncas intimidatorias.

 

Francamente debo admitir que en mí había una prevención originaria con respecto a los Alemanes. Había nacido y crecido en una familia de partisanos, plasmada por una literatura y por una cinematografía que a los Alemanes los había representados siempre de una cierta manera, tanto habían sido los perdedores, y por lo tanto tenían todas las culpas y ninguna razón, todas maldades y ninguna humanidad. Tomaba yo lo todo negativamente, sin objetividad; la enfermera, sí descortés, pero desempeñaba con seriedad y profesionalidad su tarea, mas yo veía a ella como una kapó y a mí misma como una prisionera retenida dentro de una instalación segregadora contra su voluntad… En la realidad, era una flor y nata de servicio gratuito que me prestaban, sea ya por un ligero y pasajero malestar y, pensando en aquel entonces, me entran ganas de pedir disculpas simbólicamente de mis pensamientos y dar gracias por la asistencia que me prestaron.  Otro componente del grupo, que había padecido mal a los dientes, si había transcurrido 10 días en el sillón del dentista, pero se había encontrado con una dentadura dejada como nueva, perfecta, con un óbolo voluntario de 50 mil liras a la Cruz Roja de la DDR.

 

Por la mañana del cuarto día, a las 7,30 llegó un médico por asegurarse de mis condiciones de salud; otra visita completa y declaración de fuera peligro: por fin podía salir, volver a ver la luz del sol y retomar contacto con los demás de mi grupo. Me había apresurado a la playa por ver a el mar, me moría por verlo; había un viento frio, cortante por lo tanto quien querría pararse en la playa, se asentaba en una cabina de playa hecha con madera o con mimbre,  a la alteza de la cara había una cortinilla para proteger los ojos de la arena levantada por el viento, un verdadero féretro, un sarcófago en vertical que me había hecho literalmente huir de allí… que viaje infeliz…. que mala idea participar…., ¡debía permanecer aún otros ocho días, que tristeza…!

 

Viaje infeliz, ¡el mal menor! En el comedor, los compañeros me habían enterado del enésimo atentado terrorista ocurrido a Italia el 4 de agosto: el estrago del Italicus, el tren expreso Roma-Múnich de Baviera. Una bomba de alto potencial se había estallado durante la noche en un vagón, matando a 12 personas e hiriendo a otras 48 a San Benedetto Val di Sambro en la provincia de Boloña. El 5 de agosto el atentado fue reivindicado por una organización de extrema derecha, Ordine Nero (Orden Negra) que, con una octavilla había declarado de haber vengado a el camarada Giancarlo Esposti y querido demostrar a la nación ser en grado de hacer estallar bombas dondequiera y en todas horas por enterrar la democracia bajo un montón de muertos.

 

Todos estábamos trastornados y afligidos, conscientes de que la situación política y social italiana fuese a la merced de fuerzas subversivas y golpistas, hetero-dirigidas por servicios secretos extranjeros, CIA en particular, de los cuales los nuestros, los italianos eran pasivos ejecutores y que, a su vez, “daban en concesión” los trabajos más sucios, los terroristas, a grupos y a personajes delirantes de la extrema derecha y de la delincuencia organizada. Se intuía, se imaginaba, se conjeturaba sobre quién hubiese creado y maniobrase la estrategia de la tensión con llave anticomunista y anti-soviética en aquellos años dominados por la guerra fría entre los dos bloqueos contrapuestos, pero las verdades históricas, políticas y judiciales habría emergido muchos años después.

 

Un par de meses antes, el 28 de mayo, había pasado el atentado terrorista en Plaza de la Loggia a Brescia. Una bomba escondida en un cubo de la basura, la hicieron estallar mientras era en curso un mitin contra el terrorismo neo-fascista, convocado por los sindicados y por el Comité antifascista ciudadano; se murieron 8 personas y 102 se quedaron heridas. Yo había participado a los entierros de las víctimas con el sindicado de los trabajadores del ente local y hospitalario al cual me había afiliado. Lo cierto es que los representantes del Estado y del Gobierno fueron abucheados terriblemente, en particular los generales de las fuerzas armadas que el pueblo identificaba como los artífices de todas las tentativas de golpe pasados en Italia.

 

El “Plan Solo” del 1964 del general De Lorenzo, proyecto militar de emergencia había tenido la finalidad de ilegitimar los gobiernos democráticamente elegidos por entregar el poder en Italia a los Carabineros, en la óptica de la estrategia político-militar de los UU EE que tendía en instaurar régimes y dictaduras militares en los países bajo su control, ya en soberanía limitada. Golpe salido muy bien en Grecia en el 1967 y hasta el 1974 nombrado dictadura o junta de los coroneles, en Italia fue parado por la presencia de un fuerte Partido Comunista que, teniendo a las espaldas la Unión Soviética, tenía un peso considerable; y también porque no había tenido el apoyo de la totalidad de las fuerzas armadas.

 

Seis años después, en el 1970, lo volvió a intentar Junio Valerio Borghese, decido el Príncipe Negro, en la noche entre el 7 u 8 diciembre, bajo el emblema del Frente Nacional y Vanguardia Revolucionaria. Su plan golpista había sido estudiado, tramado, organizado en todas sus fases en estricta colaboración con la masonería de Licio Gelli P2 (*) y en conexión con Gladio (*), otra poderosísima camarilla subversiva, Gaetano Badalamenti y Stefano Bontade (Wikipedia). Licio Gelli, que resulta ser uno de los primeros asociados al Frente Nacional, y había mantenido los enlaces con los Servicios Secretos y los Carabineros a la vista del golpe de Estado, teniendo entre los “iniciados” miles de oficiales masones que participaban habitualmente a las asociaciones subversivas (Wikipedia). El orden de suspender el golpe, en el último momento, fue impuesto a causa de los contrastes interiores de los conspiradores con respecto a la modalidad y a la gestión sucesiva del poder.

 

En aquel entonces no todo era así claro, por lo menos por la gente normal como yo; la consciencia de estar al borde del abismo y que sería bastada una nimiedad por caerse adentro había, y tanto. Si es verdad que eran los responsables de los partidos políticos y de los sindicados de la izquierda que mediaban, vigilaban, contrataban, pero su fuerza no la traían solamente por la Unión Soviética, más bien por el protagonismo de las clases trabajadoras que siempre eran listas a arriesgar, a bajar a la plaza, a ponerse en juego directamente, aún capaces decir no.

 

Por las personas de mi generación y también de aquella antecedente que habían vivido intensamente con pasión y empeño aquellos años de la defensa valiente de las libertades políticas y sociales, como una continuación de la Resistencia, asistir hoy a la victoria completa del adversario, o más bien del enemigo en la renuncia a la lucha, pasivamente, sin más esperanza y energía, hasta el suicidio físico y moral por parte de las comunidades y de los individuos más que nunca confundidos y a su suerte, es un puñal clavado en el corazón.

 

He considerado todas las posibles causas materiales, históricas, físicas, extra-físicas, metafísicas: la precesión de los equinoccios, la era del acuario, los ajenos, el dominio y la alternancia de los “dioses” que se hacen creer el dios único y que manipulan a nosotros los humanos a su uso exclusivo; el nuevo orden mundial en el cual debería dominar el Mesías hebraico; los Protocolos de los Sabios de Sión; las profecías más varias; el  Anticristo, el hombre de la iniquidad; el Apocalipsis; las estelas químicas; las programaciones mentales de masa; la magia negra con los ritos de conexión con las entidades satánicas, la inteligencia artificial y la manipulación genética que hacen absolutamente inútiles 7 mil millones de seres humanos y no sabe que otro más, mas a hoy no consigo avenirme a razones y no he perdido la esperanza de un renacimiento cuando el Mal llegará a su cumbre y será implosionado en sí mismo.

 

Por la tarde de aquel día, en el cual yo había aprendido del último atentado terrorista, creo que mi dolor se leyese en la cara y en los ojos, tanto que dos mujeres del grupo de los Siberianos, no de etnia pero que trabajaban a Siberia y que alojaban en la misma estructura hostelera, me invitaron a su mesa por brindar a la amistad Rusia-Italia y de aquel momento hasta la salida, yo habría compartido mis días con ellos. Todos era profesionales y de facto mis dos “amparadoras” eran médicos, una psiquiatra y la otra dentista.

 

Las mujeres eran por lo menos el doble que los hombres y me habían acogido con entusiasmo y cariño; trascurría con unas de ellas casi todo el día dando paseos kilométricos en la orillas del mar del Norte, de las cuales no se veía el fin; ellos hacían largas nadadas en las aguas gélidas, yo me había desvestida una sola vez un corto rato por hacer una foto junta a ellos. La fotografía la tuve en las mano hace pocos días: las amigas bellas, tónicas, hoyosas, con cuerpos libres y fortalecidos; yo arrugada, agarrotada, con la cara de una que, como se dice a Milán “está tirando los últimos” (instantes de vida). Y a seguir las temáticas típicas femeninas: las fotografías de los hijos de los maridos, de algún animal doméstico, el intercambio de vestidos, de cosméticos y el peinado.

 

Con las Siberianas había tenido mi “bautismo de espirito”, no en sentido metafísico, mas de verdadero alcohol; no que yo fuese completamente abstemia, pero siendo hija de un alcohólico, del alcohol siempre me había tenida lejana, Todos días ellas tenían algo que festejar, con la vodka naturalmente, que iba como el agua del rio; me acuerdo que en una celebración de cumpleaños en la cual erábamos unas veinte mujeres, ¡antes del final había contado19 botellas vacías! Mi hígado se lo había tomado muy mal aquel bautismo, tanto que jamás me lo perdonó.

 

Le encantaba mucho que yo cantase, me pedían las más conocidas arias de las óperas líricas, que pero estaban muy lejos de mis posibilidades, así que decía ellas que tenían que contentarse de “son la mondina, son la sfruttata, son la proletaria che giammai tremó, mi hanno uccisa e incatenata, carcere violenza nulla mi fermó” (soy la escardadora, soy la explotada, soy la proletaria que jamás tembló, me han matado y encadenada, cárcel violencia nada me paró) era mi caballo de batalla. Agradecían lo todo, también “O mia bela madunina” (O mi buena madonita), y “in due te vet o Marietina” (donde te vas o Marietina) en dialecto; entendían la nada, pero le gustaba mucho el sonido de la lengua italiana y el mi pathos. A coro cantábamos El Internacional, Kalinka, Bella Ciao, y también Bandera Roja, en ruso y en italiano.

 

En verdad era cortejada también por algún hombre, mas estaba satisfecha por el calor, por el consuelo que traía de aquella imprevista, cuanto preciosa “hermandad” y las avances no le consideraba; las amigas en cambio, me estimulaban a “fraternizar” con los hombres también, más bien con aquel hombre;  ¡si amistad debía ser con el pueblo ruso, debía ser completa! Y así Alexei, creo recordar que así se llamase, se convirtió en mi acompañante en las salidas nocturnas; trabajaba en la televisión de la Siberia y físicamente parecía más o menos a Putin. Él hablaba muy bien el inglés, yo era aún recién de escuela y algo lograba decir, i así unos cambios, no solo físico, había sido.

 

La noche para mí era el momento más atrayente, quizás para todos. Había una orquesta que se posicionaba en una vez en un hostal y una vez en otro en amplios locales destinados al baile y la velada iniciaba con un rito colectivo. Unos menudos de silencio, de recogimiento, a seguir la orquesta entonaba El Internacional y todos al unísono cantábamos, cada uno en su propia lengua y erábamos verdaderamente muchos, no solamente las gentes del área soviética, mas también de la Europa Occidental. Una noche, juntos a mí había compañeros de lengua española. Cada vez sentía una emoción tan intensa que me daba un hormigueo en todo el cuerpo, como si la células mismas quisiesen manifestar sensiblemente, no más de manera pasiva, sus sentimientos. En el recordar, aún tengo la piel de gallina.

 

Por mí no se trataba de la celebración o de la exaltación de una ideología, no; era la irradiación del carácter de cordialidad y el aflato místico que me daban la percepción profunda de la humanidad como entidad única, en la cual los pueblos y los individuos, incluso en las diversidades más relevantes, tuviesen un destino común y la tarea , también común, de llevar en adelante la evolución y no solamente en sentido físico, más bien yendo más allá de la materia, del pensamiento existente, de la historia. Solo unos años más tarde yo habría emprendido un camino de conocimiento de la entidad humana tramite la Antroposofía de Rudolf Steiner que, teniendo el conocimiento de los mundos suprasensibles, ya a los inicios de los años ´20 del novecientos había puesto en guardia con respecto a la aniquilación de los pueblos y de las consciencias humanas por obra de potentados finalizada al poder absoluto, será una verdadera guerra espiritual, había dicho, en la cual será necesario no ceder a la pasividad y confrontarse con el Mal de manera activa y responsable.

 

Hoy no son más Países individuales y pueblo individuales aquí y allá “encorbatados” por la estrategia de la tensión en sus territorios; nada menos son los continentes; ya la Tierra parece se vaya convirtiendo en un planeta de muerte, no más de vida, muerte no solamente física, sino de la esencia espiritual misma de la especie humana. Las potencias extra-físicas, los “dioses” y sus agentes terrestres, poseídos y dominados en el corazón y en la mente, son los jefes de Estado y de gobierno, están en los puntos estratégicos de la organizaciones políticas y sociales a nivel mundial; son los grandes criminales, los especuladores de la alta financia transnacional, los políticos conniventes, el mundo de los media y del entretenimiento, salvo rarísimas excepciones: todos al servicio del Mal, absolutamente cómplices del sacrificio, del sufrimiento y de la muerte de pueblos y de personas.

 

El “señor de este mundo”, el dios de la mentira, según los Cátaros, está combatiendo su última batalla en el planeta, desencadenando sus hombres de confianza más feroces y más deshumanizados, de manera desesperada y está dispuesto a el holocausto total de la humanidad, ya de no ceder su dominio porque “en los cielos” ya ha perdido. Se pude no creer, pero la realidad habla por sí sola. La estrategia de la tensión en Italia, del 1969 Estrago del Banco de la Agricultura a Milán (17 muertos y 88 heridos), hasta la bomba de la estación de Boloña del 1980 (85 muertos y 218 heridos) a comparación de lo que está pasando hoy en el mundo hacen por fin sonreír por su “levedad”. Toda la matriz, el videojuego es lo mismo, por cuanto levantado a la enésima potencia.

 

Una noche tuvimos una experiencia muy simpática. Era muy difícil encontrar una mesita libre adonde sonaba la orquesta, así que una anciana pareja de jubilados alemanes nos hospedó a su mesita, y por darle las gracias, Alexei ofrecí ellos la consumición estándar que consistía en un vaso de media medida de vodka que se tomaba de un tirón y a seguir un trago de cerveza helada; a su vez el Alemán devolvió el favor, y el otro devolvió aún y aún más…, yo me había retirado de la competición a las primeras rondas, de inmediato había cedido. Esta era la única forma de comunicación posible, porque a nivel verbal no nos entendíamos para nada. A cierto punto, el jubilado despegó una hoja de un bloc de notas sacado de la bolsa de su esposa y, pasando lo mismo de mano a mano, escribíamos de las frases, cada uno en propia lengua, Alemán, Ruso e Italiano. La señora escribía una línea por vez, Alexei cuatro o cinco; los más prolijos erábamos el jubilado y yo. Rellenados frente y detrás, lo había doblado y guardado en la cartera con cierta solemnidad… ¿Quién sabe lo que habíamos escrito?!


 

APÉNDICE

 

GLADIO, organización secreta el cuyo lema era: “callando sirvo la libertad” operaba en la óptica de la guerra fría, con clave anticomunista, anti-soviética, atlantista.  Componentes: CIA, servicios secretos italianos, grupos de derecha extrema, P2, Noto servicio.  Fundadores: Gobierno estadounidense, gobierno italiano, OTAN. Componentes italianos: varios hombres políticos, 622 agentes gladiadores.  Finalidad: Participación a la guerra fría y a la estrategia de la tensión en Italia. Se referían a Francesco Cossiga. Fue activa desde el 1956 hasta el 1990.

 

NOTO SERVICIO O ANILLO -ha sido una organización secreta compuesta por ex oficiales de la República Social Italiana, emprendedores, industriales, sujetos del mundo político y económico, de la delincuencia y de la criminalidad organizada, fundada al final de la segunda guerra mundial y sobrevivida con varias transformaciones hasta el final de los ’90. Una especie de servicio secreto paralelo que fungía de elemento de conjunción entre jerarquías políticas civiles y jerarquías militares en la lucha contra el comunismo. Su referencia directa era Giulio Andreotti, dependía directamente por la Presidencia del Consejo; fue un monopolio democristiano.

 

P2 – logia masónica Propaganda 2, adherente al Grande Oriente de Italia, por el cual fue suspendida en el 1976, en el periodo de la conducción por parte del emprendedor toscano Licio Gelli. La Comisión parlamentar de investigación Anselmi denunció la Logia P2 como una verdadera “organización criminal subversiva” y fue deshecha por una correspondiente ley en el 1982. la lista descubierta de los afiliados (962) comprendía los nombres de 44 parlamentares, 1 secretario nacional de partido, 12 generales de los carabineros, 5 generales del cuerpo policial de inspección de Hacienda, 22 generales del ejército, 4 de la aeronáutica militar, 8 almirantes, varios magistrados y funcionarios públicos de alto nivel, periodistas afamados, personajes del mundo del espectáculo, emprendedores, jefes de los servicio secretos italianos y sus principales colaboradores. El mismo Gelli pero había hecho referencia a otra lista, quedada cubierta, oculta, con nombres de personajes aún más insospechables y aún más poderosos.

 

Por lo que atañe al estrago del Italicus, los culpables jamás fueron individuados por la justicia, pero la comisión parlamentar sobre la logia P2 ha declarado: “…Se puede afirmar que las comprobaciones  cumplidas por los juez boloñeses así como fueron base de una sentencia absolvedora por no suficientemente comprobadas responsabilidades personales de los imputados, constituyen otrosí base más que nunca sólida, cuando sean integrados con ulteriores elementos en posesión de la Comisión por afirmar que el estrago del Italicus es atribuible a una organización terrorista de inspiración neo fascista y neo-nazi operante en Toscana; que la logia P2realizó obra de instigación a los atentados y de financiamiento con respecto a los grupos de la derecha extra-parlamentar en Toscana; que la logia P2 es por lo tanto gravemente implicada en el estrago del Italicus y puede retenerse, más bien responsable en términos no judiciales, mas históricos-políticos, cual esencial acervo económico, organizativo y moral…”.

 

Sea por el estrago del Banco de la Agricultura a Milán, recordado como estrago de plaza Fontana, se por la del Italicus, los parientes de las víctimas, que en juicio se habían constituidos en parte civil, debieron que pagar los gastos procesales.

 

(Documentación sacada por Wikipedia).

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